Caso Bayardo Arce es “una pugna entre mafiosos”, aseguran analistas
La declaración de culpabilidad del exasesor presidencial del régimen, Bayardo Arce Castaño, uno de los nueve comandantes de la revolución sandinista, es una “pugna entre mafiosos” en la que lo someten a un castigo por enriquecerse de manera corrupta sin autorización del régimen y por no alinearse a Rosario Murillo, quien según analistas se ha estado preparando para suceder a Daniel Ortega.
Arce llevaba seis meses en condición de encierro en "El Chipote" sin que se conociera el proceso que enfrentaba, hasta que este martes 27 de enero, la Procuraduría General de Justicia reveló que el expoderoso comandante y exmano derecha del dictador Daniel Ortega, junto a su asistente Ricardo Bonilla Castañeda, enfrenta un proceso penal ante el Juzgado Noveno de Distrito Penal de Juicio de Managua.
La justicia Orteguista acusaó y condenó a Arce Castaño y a Bonilla Castañeda de dirigir un entramado de operaciones fraudulentas, y que Arce lideraba una red de lavado de dinero que supera los 2,700 millones de dólares y los 82.344 millones de córdobas.
Lo que ocurre con Arce es producto de “una venganza feroz” de Rosario por ser un elemento leal a Daniel Ortega y por haberse convertido en “un corrupto independiente” que agrandó su capital personal y familiar “a pura corrupción no autorizada por el régimen”, según el analista político y exdiplomático nicaragüense José Dávila Membreño.
“Es también una traición de Ortega a un aliado que le había ayudado mucho a cristalizar el apoyo del gran empresariado al régimen, hasta hoy uno de pilares importantes en su sostenimiento. Es como una pugna entre mafiosos”, sostiene Dávila Membreño.
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"Tinte político" más que lucha contra la corrupción
La PRG acusó al exasesor presidencial, Bayardo Arce; su asistente Ricardo Bonilla por el delito de lavado de activos; y como coautores en la modalidad de defraudación al Estado de Nicaragua, a la esposa de Arce, Amelia Ybarra-Rojas Brodegen; y a su cuñado Amílcar Manuel Ybarra-Rojas Brodegen, ambos declarados prófugos de la justicia Orteguista.
Según el analista político José Dávila, la acusación y condena a puertas cerrada de Arce Castaño tiene “un tinte político”, ya que durante dos década el exasesor presidencial operó bajo la sombra de Ortega.
El exdiplomático sostiene que el régimen está tratando de pasar del “danielismo al murillato” y para ello, Rosario Murillo tiene que meter en “miedo” a los aliados de Daniel Ortega que no se sometan a su voluntad. “Lo de hablar contra la corrupción es pura mampara. Murillo trata de imponerse para supuestamente suceder a Ortega”, afirma Dávila.
Al economista y también analista político Óscar René Vargas, le resulta curioso que siendo una declaración de culpabilidad contra una red de lavado de dinero no haya empresarios y más personas implicadas, y que la acusación se centre solo en Arce y su asistente.
“Lo extraño es que la investigación se centra en dos personas. Las redes de negocios no se tocan ni se señala a ningún miembro de clase empresarial, financiera o comercial. Lo que permite sospechar que existe una motivación política más que una lucha contra la corrupción”, expone Vargas.
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Régimen siempre supo de la corrupción de Arce
Vargas sostiene que la dictadura ya conocía el entramado de la corrupción del exasesor presidencial, porque con la exorbitante cantidad de dinero proveniente del lavado de dinero de la red que liderada Arce “no se puede acumular sin la condescendencia/tolerancia del régimen”.
“Indicaría que sectores del gran capital y de la ‘chayoburguesía’ tuvieron relaciones financieras, económicas y comerciales con Arce”, analiza el economista, quien cuestiona que no haya más detenidos de la red de lavado de dinero.
Tanto José Dávila Membreño como Óscar René Vargas concluyen en que con el caso Arce, el régimen “mete presión y miedo” a funcionarios sandinistas y al empresariado, principalmente a los que tenían relaciones con él.
“El régimen puede utilizar este caso como una presión más para que el gran capital se mantenga en silencio… Es decir, Murillo va utilizar el caso Arce como una espada de Damocles de manera selectiva”, concluye Óscar René Vargas.


