La bandera china ondea en Managua: la foto que grafica el entreguismo del régimen a Pekín

La bandera azul y blanco ondea en lo alto de una asta kilométrica, flanqueada por las insignias de China y del Frente Sandinista. Es la imagen más clara del rumbo que ha tomado el país bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo: la entrega absoluta de Nicaragua a los intereses de Pekín en su búsqueda desesperada de protección ante su creciente aislamiento internacional.

La postal ha sido exhibida por el propio régimen durante el acto de entrega del proyecto habitacional Nuevas Victorias, en Managua, que encabezó Laureano Ortega Murillo, el hijo de los dictadores que cada vez cobra más protagonismo como claro sucesor del régimen dinástico.

El solo proyecto habitacional, promocionado como respuesta al déficit de viviendas que padecen los sectores más empobrecidos del país, es por sí mismo un ejemplo del espejismo de la bondad de China con Nicaragua: viviendas minúsculas con apenas las condiciones básicas y construidas en terrenos estatales, puestas al mercado a precios que alcanzan hasta en 110.000 dólares, fiananciadas a 25 años con una tasa de interés anual es del 7.25%.

La "donación" de las 920 casas fue uno de las primeras buenas nuevas que anunció el régimen como resultado del vínculo con China. Rápidamente el gigante asiático ha cobrado con creces orillandao la relación hacia la dependencia y la cesión de soberanía.

Bajo el discurso del "desarrollo" y "cooperación" entre países hermanos, Ortega y Murillo han abierto sus puertas a una creciente influencia económica y política de Pekín: sin rendición de cuentas, con condiciones ventajosas para el capital asiático -incluso en detrimento de los locales- y sin garantías de un aporte al desarrollo del país que pregona el oficialismo

Hasta la fecha, desde el restablecimiento de las relaciones con China, en El resultado de esta alianza refuerza la subordinación de Nicaragua al gigante asiático.

1. La balanza del TLC: China compra poco y vende mucho a Nicaragua

El Tratado de Libre Comercio con China no beneficia a Nicaragua. La operación es simple: China compra poco y vende mucho. Según datos del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), entre enero y agosto de 2025, las exportaciones totales de Nicaragua sumaron 5,954.5 millones de dólares, de los cuales solo 81.2 millones tuvieron como destino a China. En contraste, las importaciones desde China alcanzaron 1,315 millones, lo que significa que Pekín vende 16 veces más de lo que compra al país. Con un 16% del total importado, el gigante asiático se ubica como el tercer proveedor de las importaciones por detrás de Centroamérica y Estados Unidos.

Los datos oficiales son palpables en el comercio local: los negocios chinos inundan el mercado y con la propaganda de productos de bajo costo mina el comercio local, afecta la producción nacional, consolidando una dependencia comercial.

2. Endeudamiento: sometimiento y negocio para Pekín

Los préstamos chinos, supuestamente destinados al desarrollo, imponen condiciones que amarran al país a proyectos y contratistas chinos. El resultado es una nueva forma de deuda política y económica que somete al Estado a los intereses de Pekín mientras oxigena a su red empresarial.

Hasta julio de 2025, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo había cerrado diez contratos de préstamo con cinco empresas privadas chinas para financiar las obras que constituyen sus nuevas promesas de desarrollo en el país, acumulando una deuda de más de 1.380 millones dólares.

4. Minería: entrega de territorio y riquezas

La fiebre del oro impulsada por el capital chino ya está reconfigurando el mapa minero de Nicaragua. De acuerdo con un recuento de DESPACHO 505, basado en registros del Ministerio de Energía y Minas (MEM) y en las concesiones publicadas en La Gaceta, Diario Oficial, las compañías asiáticas concentran al menos 886,663 hectáreas, es decir, cerca del 7 % del territorio nacional.

Desde 2023 hasta octubre de 2025, al menos once empresas con capital chino han recibido permisos para la exploración y extracción de oro en el país. Su avance cuenta con el aval directo del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que ha convertido la alianza con Pekín en un eje de su política económica.

El expansionismo chino en el sector minero avanza sin fiscalización institucional real ni consulta ciudadana, pese a los impactos sobre ecosistemas y comunidades originarias. mite el uso político de los recursos, reforzando la concentración del poder económico y estatal en pocas manos.

5. Paraíso fiscal: cero impuestos ni control

El régimen Ortega-Murillo ordenó a finales de octubre la aprobación de la Ley de Creación de Zonas Económicas Especiales de la Franja y la Ruta, una normativa diseñada para otorgar privilegios fiscales absolutos a las empresas chinas que se establezcan en Nicaragua.

El principal atractivo: las compañías chinas quedan excentas del 100 % de los impuestos. Es decir, no pagarán Impuesto sobre la Renta (IR), IVA, derechos aduaneros, impuestos municipales ni tasas por importaciones o servicios. Tampoco deberán tributar por pagos o servicios contratados en el extranjero, como asesorías, comisiones, servicios legales o de mercadeo. Quedan totalmente fuera de cualquier esquema de control fiscal.

Esto significa que las compañías chinas no generarán ningún tipo contribución al financiamiento de los servicios públicos y más bien el país las termina subsidiando.

Analistas económicos consultados advierten que esta legislación no representa un modelo de desarrollo, sino un régimen de privilegios que erosiona la recaudación pública, crea competencia desigual y refuerza las condiciones de impunidad y concentración del poder económico por parte del régimen que, para garantizar eso, ha dejado el control de las denominadas Zonas Económicas Especiales (ZEE) a Laureano Ortega Murillo.