El nuevo capricho del dictador: Ortega se manda a hacer un documental para limpiar su nombre
El dictador Daniel Ortega estrena este miércoles un documental biográfico, una pieza de propaganda que busca limpiar su imagen en medio de denuncias internacionales por crímenes de lesa humanidad y un aislamiento cada vez más profundo.
El filme, titulado “Todos somos Daniel”, fue producido por los cineastas Marcio Vargas y Samanta Carrión, de la productora Izquierda Visión, quienes promocionaron la obra en una entrevista con el oficialista Canal 4. Según Vargas, el documental incluye “archivos inéditos” y busca emular el formato de series biográficas de Netflix como la dedicada al cantante mexicano Juan Gabriel, en la que el protagonista y las voces de los entrevistados narran la historia sin aparecer en pantalla.
“Queremos desmitificar esa campaña agresiva contra la imagen de nuestro máximo líder”, dijo Carrión.
Pero el proyecto, según activistas consultados por DESPACHO 505, representa un intento de lavado de imagen cuidadosamente diseñado desde El Carmen, que intenta contrarrestar la narrativa internacional que los señala como responsables de crímenes de lesa humanidad, corrupción y represión sistemática contra la población nicaragüense.
Ortega y su esposa, la “copresidenta” Rosario Murillo, enfrentan una causa judicial abierta en Argentina por delitos de lesa humanidad y un pedido de orden de captura internacional, además del repudio de gran parte de la comunidad internacional por la deriva totalitaria de su régimen.
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Una producción documental de este tipo, ordenada por El Carmen, no es gratuita ni barata. Aunque no se ha informado su costo, habría sido financiada con fondos públicos a través de la Cinemateca Nacional, dirigida por Idania Castillo, exnuera de Ortega y Murillo.
La premier está programada para este miércoles 12 de noviembre en la Cinemateca, y se espera un calendario de proyecciones en todo el país, financiadas con recursos del Presupuesto General de la República mediante las alcaldías sandinistas, como ha ocurrido con otras actividades partidarias.
El legado que Ortega intenta borrar
Mientras el régimen intenta promover otra versión de su líder, la realidad del país sigue marcada por represión, pobreza y exilio.
Tras 19 años consecutivos de gobierno sandinista, Nicaragua continúa siendo el segundo país más pobre de América Latina, con los salarios más bajos del continente y una de las peores crisis migratorias de su historia reciente: más del 10% de la población vive hoy en el exilio.
Aislado internacionalmente y visiblemente deteriorado en su salud, Ortega se aferra al poder con el apoyo de su círculo familiar, transformando Nicaragua en una dinastía autoritaria peor que la de los Somoza.
El documental “Todos somos Daniel” no solo celebra su 80 cumpleaños, sino también su intento de reescribir la historia a su conveniencia.
¿Por qué Ortega es un dictador?
Desde su retorno al poder en el año 2007 después de haber gobernado 10 años en la década de los años 80, Ortega ha gobernado sin contrapesos. Reformó la Constitución para permitir la reelección indefinida, se aseguró el control de la Asamblea Nacional, el Poder Judicial, el Ejército, la Policía y el Consejo Supremo Electoral.
Las elecciones de 2011 y 2016 fueron denunciadas por fraude, y las de 2021 se realizaron sin competencia: toda la oposición estaba en el exilio, encarcelada o desterrada tras la represión de las protestas de abril de 2018. Desde entonces, el régimen ha cerrado miles de organizaciones civiles, medios de comunicación y universidades, en lo que organismos internacionales califican como una de las dictaduras más represivas del mundo. La represión las protestas del año 2018 causaron más de 300 muertes y todas siguen impunes.
Este año, con la entrada en vigor de una nueva reforma constitucional formalizó el poder compartido con su esposa: Rosario Murillo pasó de vicepresidenta a “copresidenta”, consolidando un sistema de mando dual que prepara el terreno para la sucesión dinástica. Tres de los hijos de la pareja controlan áreas clave del Estado, desde la propaganda hasta la diplomacia y las empresas estatales.
Una práctica recurrente entre dictadores
El intento de Daniel Ortega por lavarse la cara con un documental biográfico no es nuevo en la historia: forma parte de una práctica recurrente entre dictadores que han usado el cine y los medios para reescribir su propia narrativa y ocultar sus crímenes.
Desde Adolf Hitler, que encargó a Leni Riefenstahl el monumental Triunfo de la voluntad para presentarse como un líder casi divino; hasta Joseph Stalin, que ordenó borrar de las fotos a sus enemigos y promover biografías que lo mostraran como el “padre del pueblo”; o Benito Mussolini, que protagonizaba noticieros donde aparecía inaugurando obras públicas como símbolo de grandeza.
En tiempos más recientes, Fidel Castro intentó justificar su régimen en el documental Comandante de Oliver Stone; Hugo Chávez usó su programa Aló Presidente y varias producciones fílmicas para construir el mito bolivariano y en Corea del Norte, la dinastía Kim mantiene una industria cinematográfica entera dedicada a glorificar su supuesto linaje divino.
Con su documental "Todos somos Daniel", Ortega se suma a esa lista de autócratas que buscan en la propaganda audiovisual una redención imposible, utilizando los recursos del Estado para fabricar legitimidad donde ya no queda credibilidad.



