Caza de conductores en Managua: inspectores y policías se hacen pasar por clientes para multar a choferes de InDrive

En los últimos días, conductores que utilizan la aplicación InDrive en Managua han denunciado una nueva ola de operativos ejecutados por agentes de la Policía y del Instituto Regulador del Transporte del Municipio de Managua (Irtramma). Según relatan, los funcionarios se hacen pasar por usuarios de la app para citarlos en puntos de recogida; una vez en el lugar, los multan y, en algunos casos, trasladan los vehículos al depósito municipal.

Las multas, de acuerdo con las denuncias, oscilan entre 7,000 y 10,000 córdobas. Un conductor que pidió el anonimato confirmó a DESPACHO 505 que no es la primera vez que ocurre algo así, pero que en los últimos días “las trampas” se han intensificado.

“Los conductores de InDriver andamos con miedo. Hay policías que se hacen pasar por clientes y al llegar nos multan”, explica el trabajador del volante.

A las sanciones se suma otra medida que ha afectado su trabajo: desde el lunes 10 de noviembre, ya no pueden recargar saldo en algunos establecimientos como Super Express, donde solían depositar dinero para mantener activa la aplicación.

InDrive funciona en Nicaragua mediante un sistema de recargas que los conductores realizan en puntos físicos o a través de tarjetas bancarias. El saldo se acredita en la cuenta del chofer y de ahí se descuentan las comisiones por cada viaje, que rondan el 12 %.

Otro conductor consultado confirmó que hasta el lunes por la noche las recargas en Super Express seguían suspendidas, aunque todavía era posible hacerlo en tiendas AM PM o mediante cuentas bancarias.

Las aplicaciones que dominan el transporte privado

En Managua operan varias plataformas de transporte, entre ellas Aventón, Ray, InDrive y Picap. Las dos últimas son las más populares por ofrecer precios más competitivos que los taxis tradicionales y por permitir viajes tanto en automóviles como en motocicletas.

Los usuarios destacan que estas apps ofrecen mayor seguridad, comodidad y tarifas más accesibles. En redes sociales abundan comentarios de apoyo.

“Los taxis tienen precios exagerados y muchas veces no quieren llevarte al lugar que pedís”, dice una usuaria de esta modalidad de transporte en la capital.

Las medidas impuestas por las autoridades reavivan un debate que lleva años enfrentando a los taxistas tradicionales, que pagan impuestos y concesiones, y a los conductores particulares que operan mediante aplicaciones.

Mientras los primeros se quejan de una competencia “desleal”, los segundos defienden que este trabajo les permite sobrevivir en una economía donde los salarios mínimos no alcanzan ni para cubrir la canasta básica.

“Algunos están optando por abrir cuentas bancarias para poder recargar y seguir trabajando, porque de esto vivimos”, explicó otro conductor consultado por este medio.

El limbo legal de las aplicaciones de transporte en Nicaragua

La operación de aplicaciones como InDrive en Nicaragua carece de un marco legal claro. El Irtramma ha sostenido desde años anteriores que estas plataformas “no tienen asidero legal” porque no están registradas como empresas de transporte ni cuentan con concesiones municipales, por lo que podrían considerarse servicios no autorizados.

Sin embargo, esta posición contrasta con la realidad de miles de nicaragüenses que trabajan en la informalidad en otros sectores regulados —como el comercio ambulante, servicios y alimentación— sin enfrentar sanciones tan severas. En el caso de los conductores de aplicaciones, las multas y el decomiso de vehículos revelan una aplicación desigual de la ley, dirigida a un segmento creciente de la economía digital.

Hasta la fecha, no existe una ordenanza municipal o disposición nacional que regule o prohíba explícitamente el funcionamiento de estas plataformas en Managua. En la práctica, operan en una zona gris jurídica, expuestos a la discrecionalidad de las autoridades.

Mientras tanto, los conductores aseguran que seguirán buscando alternativas para mantener activa la app y llevar ingresos a sus hogares.

“Esto es lo que nos da de comer. Si nos quitan la aplicación, ¿de qué vivimos?”, lamentó uno de ellos.