Perseguido, vigilado y ahora preso político: la madre del doctor Yerri Estrada narra su calvario

El 13 de agosto de 2025, Rosa Ruiz recibió la noticia de que su hijo, Yerry Gustavo Estrada Ruiz, había sido apresado por la Policía del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua. No hubo orden judicial ni explicación oficial sobre el delito del cual le acusaban. Permaneció en condición de desaparición forzada 21 días. El régimen lo mostró ante las cámaras de medios oficialistas en respuesta a la demanda de prueba de vida que exigió Estados Unidos.

Las fotografias y videos no pudieron ocultar el deterioro físico y emocional que ha sufrido en prisión. Y pese a ser obligado a decir que ha recibido buen trato, su madre lo notó marcas de aparentes de golpes en su rostro, maquillado y en silencio.

Estrada Ruiz es un joven costarricense-nicaragüense, de 30 años, que había dedicado sus útlimos años a estudiar Medicina y cuidar a su familia. Hoy es otro preso político del régimen Ortega-Murillo, acusado y condenado de terrorismo y otros delitos. Su historia es la de muchos en Nicaragua, pero su rostro es uno entre los tantos que la dictadura quiere invisibilizar.

La historia de Yerry cambió en abril de 2018. Entonces, era estudiante de quinto año de la carrera de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua de León (UNAN-León). Cuando las primeras protestas estallaron en las calles contra la reforma al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), él fue parte de los jóvenes que tuvieron el impulso de salir a las calles a respaldar a los adultos mayores agredidos por turbas sandinistas por reclamar el recorte de sus pensiones.

"La Facultad de Medicina fue la primera en protestar. Salieron por los ancianitos a los que estaban reprimiendo y ahí comenzó todo. Luego vino la persecución, los golpes, las amenazas", relata a DESPACHO 505 su madre, Rosa Ruiz, en uns extensa plática telefónica desde el exilio.

Miembros de la Juventud Sandinista, a los que llama "paramilitares cobijados bajo una bandera política", comenzaron a atacar a los estudiantes con piedras, garrotes y hasta varillas de hierro afiladas disparadas con huleras. Las calles de León se convirtieron en trincheras improvisadas.

Perseguido, expulsado y desplazado

Para agosto de 2018, Yerry ya no podía volver a su casa. Fue expulsado de la UNAN-León por participar en las protestas. "Tuvimos que esconderlo. Fue un desplazado interno, huyendo de la persecución. Se refugió en casas de seguridad", cuenta su mamá.

En 2020, una vez fuera de las calles y desvinculado del movimiento social que plantó cara al régimen, Yerri decidió retormar su vida y concentrarse en terminar su carrera de Medicina.

Volvió a León en 2022, pero la vigilancia del régimen a través de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC) y las Unidades de Victoria Electoral se intensificó. Cada intento que hacía para trabajar como colector en las unidades de transporte fue frustrado. "Le decían a los transportistas que no le dieran trabajo, que era un golpista, un terrorista. No podía ni ganarse la vida", recuerda.

La persecución escaló a un nivel sistemático, pero su familia no lo denució. Fue sometido a visitas policiales semanales, le tomaban fotos, le hacían interrogatorios y control de movimientos. Cuando Yerry fue asignado a su internado médico en Granada, debía reportarse por teléfono. "Y aún así, lo secuestraron", reprocha su mamá.

Torturado por el régimen

El 13 de agosto, Yerry fue detenido sin orden judicial en el hospital Amistad Japón de Granada. Organizaciones de derechos humanos han conocido que fue internado en la Dirección de Auxilio Judicial, el temido centro de tortura conocido como "El Chipote". Allí fue torturado durante su primera semana y después fue llevado al Sistema Penitenciario Jorge Navarro de Tipitapa (La Modelo).

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A pesar de las constantes peticiones de la familia, a Yerri no se le permitían visitas y no se sabía nada de él hasta que Estados Unidos presionó al régimen para que aportara una prueba de vida. Fue 21 días después que el régimen presentó fotografías y un video en el que según Rosa Ruiz, se le ve maquillado.

Además, observó que los dedos de las manos los tenía cubiertos. "Le tocaron las uñas o le pusieron choques eléctricos que normalmente eso suele reventar la yema de los dedos donde hace la descarga de la electricidad", dice.

La madre señala que Yerry fue acusado sin pruebas y sin acceso a una defensa legal real por los puestos delitos de terrorismo por su participación en las protestas de 2018. "A la vez le pusieron ahí al piecito (de la acusación) divulgación de pornografía infantil… para manchar su reputación", agrega.

Fue un juicio virtual a traves de Zoom, representado por un abogado de oficio, como ha pasado con otros presos políticos. "Ese abogado ni parpadeaba viendo y escuchando nada más lo que hablaba la fiscal, lo que hablaba el juez", continúa ella con el relato.

Según esta madre, no hay un expediente físico. Todo se maneja en la oscuridad de "La Modelo". "Solo el alcaide y la Policía tienen acceso a esos documentos". Su madre no ha recibido notificación formal. Solo sabe lo que le informan fuentes internas.

Una familia perseguida

Desde el "secuestro" del doctor Yerri Estrada Ruiz, la familia entera ha sido hostigada, asediada y desplazada. El 15 de septiembre, su hija mayor fue contactada por un agente del Ministerio del Interior, quien intentó manipularla psicológicamente para que su madre "dejara de hablar (denunciar)" de la tortura que sufre su hijo. A cambio, le prometieron dejarla ver a Yerry y entregarle paquetería.

Al día siguiente, comenzó el acoso contra toda la familia. "Cada 40 minutos la Policía llegaba a decirles que debían irse de la casa. Hasta que mi hija lloraba del terror", cuenta.

Poco tiempo después ella fue alertada de que había una orden de captura contra su hija de 27 años y su hijo menor, de 14. "Eso es un crimen. Nunca se había visto una barbaridad así, girar orden de captura contra un niño que ni siquiera sale a jugar a la calle", denuncia.

La familia está ahora dispersa, tuvieron que huir y permanecen escondidos. Han sido separados por la represión. “Quiero que liberen a mi hijo para poder reconstruir a mi familia. Porque esto no es vida", dice devastada.

Nacido en Costa Rica

Yerry nació el 31 de mayo de 1995 en San José, Costa Rica. Es costarricense por nacimiento. Hijo de migrantes, su vida ha estado marcada por el esfuerzo y la educación. Estudió primaria y secundaria en Nicaragua. A los 18 años, se preparó por un año para lograr ingresar a la carrera de Medicina.

"Es un joven amoroso, educado, bondadoso. Si alguien en el barrio necesitaba atención médica, él iba sin cobrar, sin dudar", asegura su madre.

En 2024, se dedicó a cuidar a su abuela de 80 años. Ella lo llamaba con cariño ‘mi doctorcito’. “Mi hijo no ha cometido ningún delito. Protestar no es un crimen, es un derecho", repite su madre a pesar de las amenazas, del exilio forzado y del miedo.