Ortega intensifica su retórica bélica: llama a “prepararse para la guerra” con respaldo de Rusia y China

El dictador Daniel Ortega elevó el tono belicista de su discurso al llamar a su militancia a “estar preparados para la guerra” como forma de “defender la paz”, una consigna que en el lenguaje del régimen equivale a reforzar la represión interna. Además, celebró el respaldo militar de Rusia y China, países que —según dijo— están comprometidos a brindar asistencia para esa supuesta defensa nacional, pese a que Nicaragua no enfrenta amenazas externas ni oposición armada.

“Tenemos que estar siempre repitiéndonos que para defender la paz tenemos que tener fortaleza, tenemos que tener espíritu de combate (…). Estamos entre la guerra y la paz; y si queremos defender la paz, tenemos que estar siempre preparados para la guerra”, expresó Ortega durante su discurso por el 46 aniversario de la Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua.

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La “defensa de la paz” es una frase que en el lenguaje del oficialismo se ha convertido en un eufemismo para justificar la represión de cualquier forma de oposición o crítica.

China y Rusia: los nuevos aliados militares

Durante su intervención, Ortega también destacó el respaldo de dos de sus principales aliados internacionales: Rusia y China. Ambas potencias están proporcionando entrenamiento y asistencia para “la defensa” del país.

“Ellos lo han dicho claramente: van a prestarle todo tipo de ayuda a Nicaragua, incluyendo ayuda para la defensa”, afirmó.

El régimen ha profundizado su relación con estos regímenes autoritarios a través de acuerdos bilaterales que abarcan desde cooperación militar y policial hasta apoyo tecnológico. La alianza se enmarca en un contexto de creciente aislamiento internacional para el régimen Ortega-Murillo, sancionado por múltiples gobiernos y organismos multilaterales por la represión a la oposición y graves violaciones de derechos humanos.

De la "vigilancia revolucionaria" al "espíritu de combate"

Este nuevo llamado ocurre a solo días de que Ortega ordenara fortalecer la “vigilancia revolucionaria” en los barrios del país, durante su discurso del 19 de julio, en el aniversario de la Revolución Sandinista. Esa vigilancia implica redes de espionaje comunitario y control social que apuntan directamente a disuadir o castigar cualquier manifestación de disidencia.

Desde abril de 2018, cuando estallaron protestas masivas contra el régimen, Nicaragua vive bajo un estado policial. Las manifestaciones fueron brutalmente reprimidas, dejando más de 350 muertos, cientos de detenidos y decenas de miles de personas desterradas o en el exilio. En total, cerca de 800,000 nicaragüenses han salido del país desde entonces, según estimaciones de organismos independientes.

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La dictadura desde entonces ha sumido a Nicaragua a un estado policial de facto, donde no existe el derecho a la protesta ni el espacio público para la disidencia. Cualquier crítica, incluso en redes sociales, puede derivar en arresto arbitrario. Además, el régimen ha encarcelado al menos a decenas de colaboradores o simpatizantes sandinistas por expresar críticas privadas, unos incluso dentro de grupos de WhatsApp, lo que refleja la intensidad de la purga interna emprendida por Rosario Murillo contra posibles "disidentes" en sus propias filas.