El caso Bayardo Arce y la purga interna del sandinismo
El arresto domiciliario de Bayardo Arce Castaño, uno de los cerebros del modelo de Diálogo y Consenso impulsado por Daniel Ortega desde el 2007 con el gran capital nicaragüense, y su principal asesor en Asuntos Económicos, marca una nueva fase en la reconfiguración interna de poder dentro del régimen Ortega-Murillo.
Bayardo Arce fue uno de los hombres de confianza de Daniel Ortega desde la década de los ochenta. Impulsor de la llamada "piñata sandinista" —el proceso de traspaso irregular de propiedades, empresas y recursos del Estado a manos de dirigentes del Frente Sandinista tras su derrota electoral en 1990—, Arce era considerado una figura de la vieja guardia dentro de las filas del partido rojinegro. Sin embargo, fue apartado progresivamente del círculo de poder, ahora controlado por Rosario Murillo.
Exguerrillero, empresario, exbanquero y uno de los nueve todopoderosos comandantes de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que asumieron el mando del país tras el triunfo de la Revolución en 1979: todo eso forma parte del historial de Arce.
Como figura de la vieja guardia, Arce integró el círculo de consejeros del dictador. Su influencia comenzó a debilitarse en 2018, según analistas, cuando se atrevió a criticar públicamente al régimen en una entrevista a un medio internacional, auqnue es mantenido hasta la actualidad entre el grupo de asesores presidenciales que devengan un salario sin ejercer sus funciones.
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A pesar de que no hay una versión oficial sobre el allanamiento y encierro domiciliar, todo apunta a que se trata de una pasada de cuentas de parte de Rosario Murillo, con quien tuvo fuertes enfrentamientos por el control del sandinismo.
En su faceta como empresario, Arce ha sido vinculado a intereses privados, particularmente en el sector agroindustrial. Investigaciones periodísticas lo relacionan con la empresa Agricorp, dedicada a la producción y comercialización de granos y alimentos, señalada como una de las beneficiadas por el régimen. Aunque Arce nunca confirmó participación directa se le asosoacial con los beneficios derivados de su cercanía al poder, generando críticas por conflicto de interés y enriquecimiento ilícito. Otras investigaciones apuntan a su vinculación con al menos 43 sociedades anónimas.
También formó parte del consejo directivo del desaparecido banco Interbank, liderado por los hermanos Ramón Alex y Saúl Centeno Roque, y es miembro de la estructura directiva del conglomerado mediático del Frente Sandinista.
Arce extendió además su influencia al ámbito deportivo como propietario del equipo de béisbol profesional Indios del Bóer, el club más emblemático de Managua. Sin embargo, en 2024 fue forzado a ceder el control del equipo a operadores del régimen, en lo que se interpretó como el primer golpe público a su protagonismo y peso político.
El precio de criticar a Ortega
Las discrepancias con el sandinismo contrlado por Ortega y Murillo iniciaron en plena crisis del 2018, cuando Arce criticó las reformas a la Seguridad Social al afirmar en una entrevista con Patricia Janiot para Univisión, opinó que las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) había sido un error del veterano dictador.
“Pues sí. Yo creo que se equivocó. Creo que la presión financiera de la Seguridad Social, la urgencia de darle respuesta al riesgo de una iliquidez que impidiera pagarle a la gente las pensiones lo llevó a no esperar plazos que pedía el sector empresarial para analizar la propuesta y presentar alternativas desde el punto de vista de ellos. Y eso se tradujo en que la política de consenso que hemos tenido en los últimos diez años y que ha permitido que el país vaya saliendo poco a poco adelante, se viera rota”, dijo.
Esas declaraciones marcaron un leve distanciamiento discursivo con Ortega y Murillo, pero en plena crisis fue llamado a participar en la mesa de diálogo con la oposición.
En 2020, cometió otro desliz al contradecir la versión oficial de Ortega que aseguraba que la economía nicaragüense se había recuperado. Arce reconoció un retroceso económico de tres años y señaló pérdidas millonarias en turismo y construcción. “Vamos recuperándola, no hemos logrado alcanzar los niveles que teníamos al 2017", admitió.
Arce nunca condenó las violaciones de derechos humanos ni rompió con el régimen, por el contrario, mantuvo su papel como defensor del modelo económico hasta ser echado y tratado como "traidor".
En arresto domiciliario
La noche del 26 de julio de 2025, el régimen ordenó retirarle la escolta policial y desalojar la seguridad privada de sus oficinas en el Reparto El Carmen, a escasos metros de la residencia presidencial. Desde entonces, Bayardo Arce se encuentra bajo arresto domiciliario de facto, bajo vigilancia policial.
Fuentes cercanas confirmaron que su asistente Ricardo Bonilla, su socio en negocios Ajax Delgado y un hermano fueron interrogados por la Policía y la Procuraduría General de la República, aunque todos quedaron en libertad.
Su caso sigue un patrón ya conocido: el mismo que llevó a la muerte al propio hermano del dictador y exjefe del Ejército, Humberto Ortega.
A él le han seguido otros que un día fueron cercanos, como el del general en retiro Álvaro Baltodano, otro exoperador económico del régimen detenido y condenado bajo cargos de “traición a la patria”.
Compactación de Estado familiar
La caída de Arce y los sandinistas de la vieja guardia responde a una lógica de depuración política: sustituir operadores históricos con redes propias por cuadros de obediencia total y dependencia directa. Es parte de la estrategia que afianza la dinastía familiar bajo el dominio de los dictadores.
Juan Sebastián Chamorro, desterrado por el régimen y analista político califica este proceso como "purgas estalinistas" en el que se "están destazando entre ellos mismos. Así son todas las dictaduras, se comen a quienes mejor les han servido", apunta.
La posición de Chamorro coincide con otros opositores que creen que se trata de una compactación familiar. El líder juvenil y también víctima de Ortega, Lesther alemán advirtió que “Murillo prepara una nueva dirigencia sin vestigios históricos, consolidando su camino al trono”.
Durante años, Bayardo Arce fue un engranaje esencial del sistema político-económico del orteguismo. Se benefició del poder, lo justificó públicamente, atacó a críticos del régimen y construyó vínculos empresariales a la sombra del Estado. Hoy, a sus 75 años y bajo arresto, su figura reafirma que ni siquiera el historial revolucionario ni los años de lealtad estratégica garantizan inmunidad en un sistema que ya no tolera voces propias, ni siquiera dentro del oficialismo.
Datos biográficos
Bayardo Arce, quien fue compañero de guerrilla de Daniel Ortega, se incorporó al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en la década de 1970 y participó activamente en la lucha armada contra la dictadura somocista. Tras el triunfo revolucionario en 1979, ascendió rápidamente hasta convertirse en uno de los nueve comandantes de la Dirección Nacional, órgano colegiado que controló el poder durante los años ochenta.
Entre 1997 y 2007 fungió como diputado ante la Asamblea Nacional por el FSLN. Ese mismo año, con el regreso de Ortega al poder, fue designado asesor presidencial en Asuntos Económicos, coordinando el gabinete económico y fungiendo como enlace clave entre el régimen y los grandes empresarios.
Arce se convirtió en el principal promotor del modelo de la “alianza público-privada”, ofreciendo garantías al sector empresarial mientras sostenía sin fisuras el proyecto autoritario de Ortega.



