Miedo, desesperación y angustia provoca el Coronavirus en Nicaragua
La población nicaragüense se prepara para los efectos del coronavirus. Miles de familias en todo el país se abastecen de productos para el hogar, en los supermercados y tiendas.
Circular por las calles de Managua desde este jueves fuecompletamente distinto a lo que un nicaragüense está acostumbrado. Conductoresde buses y usuarios cubren sus bocas con mascarillas, en las calles la gentecircula con cargas de mercadería para el hogar, a paso rápido, sin titubear nidetenerse; hay miedo, desesperación y angustia.
Luego del anuncio del primer contagiado por la pandemia del coronavirus, el pasado 18 de marzo; las calles, plazas, centros comerciales, supermercados, farmacias y diversos lugares de concurrencia daban un rostro y ambiente distinto.

Intentar comprar de manera normal, productos para preparar un almuerzo este jueves, era una odisea. Largas filas en los supermercados como Maxipali, La Colonia y La Unión. Hombres y mujeres con carretillas de carga repletas de productos buscaban abastecerse, preparándose, según ellos para no padecer, si la pandemia del coronavirus hace que la dictadura doblegue su brazo para enviar a cuarentena a todo el país.
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“Tenemos que estar listos por cualquier cosa”, dijo un comprador a otro, este último, un hombre robusto que expresaba que su familia estaba alarmada por la situación, miró a sus extremos y dijo, “es seguro que hay más de un caso (de coronavirus), Daniel (Ortega) no quiere decirlo porque lo friegan”, recalcó.

“Cuando me di cuenta que la chayo (Rosario Murillo) dijo que ya había coronavirus en Nicaragua me puse a sacar cuentas con mi marido para ver qué cosas podíamos comprar hoy, por eso venimos, más vale gente prevenida”, expresó otra compradora que prefirió no ser identificada.
MASCARILLAS SIN CONTROL DE CALIDAD
Junto a su marido llevaban dos carretillas repletas deproductos, entre ellos jabones, desinfectantes y alcohol, productos que hansido limitados para no crear desabastecimiento en dichos lugares.
Las filas en los supermercados eran interminables. Lamayoría cubrían sus bocas conmascarillas.
No solo hombres y mujeres que iban a supermercados cubríansus bocas con mascarillas, era visible que el producto inexistente en farmaciasdel país era usado por cambistas de dólares, empleados de establecimientos ysus dueños, vendedores ambulantes, trabajadores de empresas privadas y delEstado.
A raíz de la escasez de mascarillas, diversos talleres decostura se han dedicado a la confección de este producto, sin el mínimo controlde calidad, confeccionadas con picardía con dibujos animados, flores, diseñosde carros y motos que comercializan entre 20 o 30 córdobas.
“Hoy compré esta mascarilla, en la farmacia no hay, entoncesuna señora de aquí del mercado hizo varias en su taller y las vende ahora.Están buenas, matizonas”, dijo un joven que vende en el Oriental.
Al caer la noche, familias en los barrios, por su cuenta,han evitado hacer las tertulias, encienden el televisor y quedan a la espera dealguna notificación de la presidencia, mensaje que nunca llega. Para bien opara mal, solo quieren saber “cómo va la cuestión del coronavirus”.



